viernes, 16 de diciembre de 2011

El problema de los peros...

Maitena
En una charla entre dos mujeres, una le contó a la otra qué pasó la noche anterior, le contó con quién salió, donde lo conoció, como era. Empezó describiendo desde adonde fueron hasta qué tenían puesto, porque ella no podía dejar de aparecer en la historia. La salida pareció perfecta casi de novela, él aparentemente encantador, era soltero, caballero, lindo, atento, tierno y divino (tuvo muy presente el orden en que enumeraba sus características). La amiga, tratando de seguirle el ritmo tenía muy en cuenta que un par de horas no era representativo de nadie.

Ella, mientras hacía oídos sordos a las advertencias, ya lo imaginaba como su futuro marido, se veía comprando el vestido. Estaba por enamorarse, había quedado hipnotizada con su ser.
El tiempo fue pasando y siguieron, la frecuencia de cariño aumentó al igual que la cuenta de teléfono y la cuota de celos.

De repente y casi sin notarlo comenzaron a aflorar los defectos. Quizás no eran tan graves ya que él no era maltratador ni golpeador, pero si fueron determinantes luego de los primeros encuentros. Quizás esos detalles siempre habían estado y ella no los había notado o no había querido. Quizás el paso del tiempo, tan desgraciado a veces, había hecho eso.

En el medio de un viaje, en otra charla entre las dos mujeres, volvió a surgir el tema. No era que antes no hayan tenido momentos para debatirlo, siempre estaban esos huecos entre el trabajo y el estudio para dar vueltas sobre él, pero esta vez la conversación se centro en otra cuestión.
Mientras ella le contaba como había crecido su relación, lo mucho que le encantaba cómo la trataba y lo que hacían, por un instante, un minuto de duda la invadió. La amiga notó esos segundos de silencio en medio de la historia dado que era mucho para cualquier mujer y entonces le preguntó el famoso y temido ¿pero?

-          Pero está casado, pero tiene novia, pero no es un buen candidato, pero está enamorado de la ex, pero es mujeriego, pero no me quiere como yo, pero no creo que esté enganchado, pero no quiere nada conmigo, pero hace poco que salió de una relación, pero tiene miedo, pero no se la juega, pero no sabe lo que quiere, pero…

Y ahí brotaron las miles de dudas que se fueron presentando, de a poco o como una carrera aparecieron los peros y las excusas en todos sus tamaños, formas y grosores. Fue muy difícil escapar de la pregunta y fue aún peor escucharse a ella misma decir las respuestas en voz alta. Porque todo suena distinto, quizás menos grave, al pronunciarlo...  

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