miércoles, 25 de abril de 2012

No abras el paraguas a menos que llueva

 Quiero que sepan que tengo un pasatiempo, cada vez que estoy en algún lugar público me gusta escuchar conversaciones ajenas. Sé que no está bien blanquearlo, pero de vez en cuando no puedo evitarlo. Algunos lo llamarán curiosidad otros dirán que es ser chusma, más allá de su definición etimológica, siento que al hacerlo aprendo. Y así me doy cuenta que es mucho más fácil encontrar errores en los demás que en uno mismo, parecería ser que teniendo una perspectiva totalmente ajena a la situación todo resulta más claro.


Sucursal
Les voy a contar un caso, el otro día, mientras hacía tiempo esperando a un amigos en un Starbucks de Palermo me enganché en una charla de una chica con un chico. Eran dos amigos y más que charla parecía un monólogo, ella le contaba todos los detalles de su relación amorosa y el amigo estaba ahí, escuchándola y asintiendo con la cabeza cuando era necesario.

De lejos, mientras tomaba mi alto latte, me di cuenta que ella no necesitaba un consejo, ni una solución mágica para sus problemas, sólo quería que el amigo la escuche, que esté. La chica quería integrarlo al monólogo para que se convirtiera en diálogo y luego de su exposición llena de adjetivos calificativos, lo dejaba a él en un lugar arduo, el de darle su punto de vista.

Mientras seguía esperando a mi amigo, miraba el reloj y me ponía contenta de no tener que estar en sus zapatos, de no tener que ser yo la que le señalara que las cosas no estaban funcionando. A continuación se hizo la hora del encuentro y no pude seguir el hilo de la conversación, pero tal vez él le respondió algo que la dejara conforme, algo que ella quería oír...

No te vas a mojar

Situaciones como estas hay por todos lados, tienen que estar atentos porque el tema universal de conversaciones femeninas son los hombres. Es el tópico elegido entre mujeres que recién se conocen para entrar en confianza, cuando una le cuenta a otra que había una vez un tipo que le rompió el corazón es buen augurio, indica que se está gestando una amistad.

De la misma forma, no tengo que hacer un trabajo de investigación para darme cuenta que hay una actitud muy común en estos tiempos del romanticismo 2.0, la de abrir el paraguas antes que llueva. Tomemos un caso extremo. Recién chateaba con una amiga que me contaba cómo el chico con el que había salido dos veces ya le había abierto el paraguas. Si, como leen, dos veces y con paraguas.

El problema no era que ella tenía el vestido y el salón listos para el casamiento, el problema era que, en estas épocas del amor express, el no la había dejado ilusionarse en paz. El muchacho en cuestión ya había salteado ese paso del enamoramiento, de la ilusión, de las mariposas, el había esquivado de casillero, tenía un comodín y no pudo esperar la próxima mano para usarlo. Había abierto el paraguas antes que lloviera, le había cortado las alitas a las mariposas, queria que sigan siendo orugas.

La pregunta que ella me hacía era ¿cómo seguir avanzando después de una lluvia innecesaria de peros y aclaraciones? Como dicen, abrir el paraguas puertas adentro trae mala suerte, pero hacerlo sin lluvia con un par de nubes en el cielo, también. Ella quería ilusionarse, el no lo permitió, a ella le hubiese gustado que esa sensación del comienzo hubiera durado un poquito más, el fue egoísta.



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